miércoles, 23 de diciembre de 2015


Feliz Navidad! Amorfa masa séptica! mi único consuelo es que algún día morirás. sí!... tú!...




El niño Gusano -Comic-
Mrs.Sandman



viernes, 11 de diciembre de 2015

Aquella luz del bosque.


Me encontraba allí caminando por un brumoso bosque, la tierra era negra como la piedra azabache, el cielo cubierto por el follaje de grandes e imponentes arboles oscuros. No sabía para donde caminar ni que hacer pero sentía que debía buscar algo pero ¿buscar qué? Lo pensaba mientras aterrorizado y sudoroso caminaba o más bien esquivaba las raíces bastas que recorrían el suelo con su gran tamaño, cansaban eso sí.

Entre trote y trote desorientado por aquel brumoso lugar vi una pequeña luz pero era tan frágil como un suspiro, como la vida misma ¡Corrí! como alma descarriada para avizorar aquella luz y descubrir que era. En mi llegada observe entre lágrimas sollozantes a una hermosa mujer, de piel cálida, apenas cubierta por una tela blanca que se ornaba en su delgado cuerpo, cual narciso sentada en el borde de un riachuelo, miraba su propia desgracia en el reflejo del agua lenta en su andar por la corriente, apenas si se podía ver bien su rostro reflejado puesto que el movimiento de la suave corriente movía su desdichada imagen del agua.

Me acerqué estriando mi diestra -¡Pero qué hago!- me dije – y sin más le toque el hombro con mis pálidas y sudorosas manos llenas de nervios ¡oh pero gloriosa piel untuosa! Me tiño de su calidez y su ardiente luz colmandome de tranquilidad. ¡La felicidad me lleno!

Ahí estaba yo, intentando no desfallecer en aquel toque tan sublime como el anochecer o tan bello como el alba irradiada por la luz del imponente y bello sol….amando, sí, amando a una mujer.

“Generalmente la vida es un bosque difícil de atravesar, pero debemos permanecer sin rendirnos para esperar, esperar una luz y llegar a ella y ver reflejados nuestros esfuerzos”
(Fragmento de una novela que estoy escribiendo)


Juancho

miércoles, 2 de diciembre de 2015

María, La chica de al lado


Siento sus pasitos al otro lado del muro, va de acá para allá… como si hubiese un allá en esas cuatro paredes, mira por la ventana, o por lo menos sus pasos se alejan y se detienen, mira al vacío, mira la calle malhumorada a pleno medio día, muerde sus labios, o por lo menos retuerce sus zapatos, puedo oírla. María… María está de pie todo el día, María quiere devorar un trozo de mundo pero aún no lo sabe, escucho sus suspiros.

Cae la tarde y María es presa del desasosiego, o por lo menos escucho como golpetea con sus pies el piso de madera. María confronta los vientos fríos de noviembre que violentamente llegan a su ventana, escucho el rechinar de las bisagras… María sigue allí, mirando ese pedazo aleatorio de ciudad, esperando lo que llegará, María sabe que llegará, lo sé porque continúa allí.

La obscuridad llega a María, lo sé porque ha llegado sin excepción a mi ventana. la luna ilumina el rostro de María y la ciudad desaparece, lo sé porque escucho el crujir de la madera cuando María se apoya sobre el resquicio de la ventana. María levanta los pies del piso y se lanza al vacío de la mano con la luna... ya no hay María en la habitación de al lado, solo escucho el aire apoderarse de la ventana de María.

María vuela con la luna, lo sé porque ha pasado por mi ventana. vuela como de costumbre con su bata blanca a los tobillos, María ya no está más para mí pues se ha ido con la luna.

El silencio se adueña del absoluto, a veces creo escuchar a María, María la del día, la prisionera, pero recuerdo con regocijo al mirar mi ventana que María ha salido a devorar el mundo de la mano de la luna...

Esperaré a María, sé que regresará algún día… lo sé porque María es la chica de al lado...

A María C. Sánchez

Barba Azul

lunes, 23 de noviembre de 2015

El invierno ruso de nuestro amor.


Estos rieles me llevarían a tus brazos y haría que mis labios endurecidos por el frío pero húmedos por la nieve se juntasen una vez más con tus tibios y amplios labios. Estos rieles serán mi enlace con tu alma y serán el fuego en nuestro intenso frío dejado por ese invierno ruso en nuestro amor.

Estos vagones que cada día transitan por tan pobladas calles me dieron una leve esperanza de encontrar tus ojos, como un pequeño suspiro en el aire desvaneciéndose. ¡Oh! pero estos rieles forjados de acero me recordaron que tu lugar no está en esta tierra moribunda y corrupta sin tu purificadora presencia, No, tú lugar está con Dios y con los ángeles que te acogen como a uno de ellos, pues tu belleza era comparada con la de una Diosa griega ¡Blanca como las perlas! y dócil como los borregos.

Nos vemos en la eternidad amor mío - Dijo con un salto al tren tiñendo las estaciones de metro con el rojo sangre de su pasión.


Juancho

lunes, 9 de noviembre de 2015

jueves, 29 de octubre de 2015

El placer por la sangre de la carne.


¡¡¿Cómo me van a privar de la carne sí es tan rica?!!

¡Nada como una punta de anca bien grasosa y con gorditos! No existe nada más suculento que unas costillas rociadas de salsa BBQ o una salsa agridulce acompañadas de unas papas gratinadas y un vaso de coca cola helada o mejor aún, una cerveza águila heladita.

¿Quieren que sea sincero? Yo disfruto por la muerte sanguinaria y despiadada que sufren las reses, las gallinas y los cerdos (también otros animales). Sí, los machetazos en la cabeza de los terneros junto al chorro hilarante de sangre, más los electro choques a los cerdos son el plato de mi mesa día a día.

Todos los domingos mato un cerdo al comerme mi buena bandeja paisa: frijoles, arroz, plátano maduro o tajada que llamamos, arepita, papitas ¡Y lo mejor! Carne de cerdo bien cortada y en su punto más jugoso.

Bueno, digamos pues, de manera hipotética, la carne quedó maluca, no importa. Porque ¿saben cómo dice el refrán? “A mala carne buena salsa” y basándonos en este principio sea bien llamado ¡acertado! estamos listos para imbuir una cantidad tan absurda de costillas BBQ que me hacen pensar en los papás de Chihiro, gordos, grandes y abundantes reclinados contra el espaldar de la silla eructando y sobándose la barriga ¡satisfechos por la muerte de aquel animal!

La muerte de un animal no es lo único que genera placer en el ser humano porque nosotros como hombres jamás nos saciamos ¡nunca! Ahí están las guerras como ejemplo, cuestan vidas pero divierte a los poderosos, lo mismo pasa con los animales. Corridas de toros, empecemos por el placer que nos genera la diversión y no el sabor. ¿Qué tiene de divertido una corrida de toros? Nada, de hecho termina siendo eterno ver al torero matar al toro. Ahora miremos el contexto: Se toma buen guaro y se baila buena música en el palco, sin mencionar la cantidad de mujeres con sombrero y camisa al abdomen ¡Avemaría! Eso si es vida, el contexto, el entorno en el que matan al toro es el propicio para nosotros beber, bailar, festejar, celebrar, gozar, ligar ¡Y hasta pelear!

Dos placeres que conectados con la doble moralidad Colombiana o de la humanidad en general me hacen dudar si en realidad los animales están en peligro o somos nosotros mismos. Pregunté a un grupo de colegas que estaban defendiendo a los animales: “¿Comen carne?” Todos se quedaron callados, solo una respondió que no y los demás muy orondos dijeron “¡Es que es diferente!” ¿Por qué es diferente? ¿Por qué no vieron como le metieron la puñalada? ¿Ojos que no ven corazón que no siente? El cinismo de las personas frente al tema de los animales más que ser falso es cínico.

En lo personal, sí, estoy de acuerdo con las corridas de toros, el ganado, los mataderos y los criaderos de pollo ¿Por qué? Porque me encanta el pollo con miel y las costillas bien asadas.

Juancho.

viernes, 23 de octubre de 2015

Educación privada en Colombia


Como preámbulo hay que hablar del mercado de la educación privada y sus costos que están vinculadas a la calidad educativa y con repercusiones en el factor social. La universidad más cara en la carrera de ingeniería civil en Colombia vale al año 26 millones 300 mil pesos y la universidad más barata en la misma carrera vale 4.6 millones de pesos, esto es 6 veces menos que la universidad más cara. Sin tener en cuenta la manutención necesaria para poder asistir como lo es transporte, alimentos, ropa y recursos académicos.

Con lo anterior me hago una serie de preguntas ¿eso no tiene nada que ver con la calidad? Y ¿si será que a la sociedad no le importa la diferencia de costos? ¿A las personas graduadas en universidades de garajes en el mercado laboral tienen las mismas ventajas que estos de universidades privadas caras?

Y para agravar existe una factor aún más extenuante y que está ligado precisamente con la política corrupta que busca a un ciudadano ignorante y ese agravante es el ánimo de lucro ya sea por parte de rectores de universidades y no solo de instituciones avanzadas en educación sino también en colegios y escuelas. En este aspecto se habla de una “corrupción” institucional por parte de las universidades, donde universidades gastan más en publicidad que en recursos para la educación.

Así sea entonces que los rectores sin ánimo de lucro invierten cada peso de los estudiantes para la educación de calidad, mientras que los rectores con ánimos de lucro buscan que paguen mucho y se gaste poco y por ende tener una educación mediocre pero vista de buena calidad por medios publicitarios.

El problema económico más que ser la fuente principal es de donde se ramifican la cantidad de inconvenientes y problemas que existen con la educación privada en Colombia. Ramas como la discriminación, el elitismo académico e intelectual, las competencias laborales y por ende las oportunidades de los jóvenes. Ya lo dijo el senador Robledo, “Para vivir en un país educado la educación privada debe dejar de existir o deberán brindar, la educación pública, las garantías necesarias”.

Un problema que para mí es fundamental es precisamente eso, las garantías, cosa que ningún político y mucho menos ningún ministro de educación toma en cuenta. ¿Qué son las garantías? Estas son las ayudas o los recursos que cada individuo que curse ya sea el colegio o la universidad necesitan para llegar a ella y tener los implementos necesarios. Por ejemplo una persona para ir a la universidad en perfectas condiciones necesita alimentos, transporte y los recursos, ya sea materiales para los arquitectos o códigos para los abogados.
En Colombia hay educación pero no existen garantías y por lo tanto el pobre carece de esta educación no pudiendo acceder a ella suponiendo que es “gratuita”.

“Donde hay educación no hay distinción de clases.”
Confucio


Juancho

jueves, 15 de octubre de 2015

Pseudológia Fantástica.



Me ardes en la piel y las entrañas como debe arder al leproso la inoculación de medicina, me dueles en la profundidad del pecho como me dueles en la indescifrable posición del orgullo.

¿Cuántas cosas quedaron por vivir?

De seguro infinitas, de seguro incontables, pero no queda más que lo mismo de siempre; recuerdos maquillados y esperanzas inventadas.

La tragedia de esta historia no es el desamor, la verdadera tragedia de cualquier historia es el amor, el amor dispar entre lobo y cordero, entre amante y amado.

Hay un innegable autoengaño en amar y anhelar imágenes, las imágenes se rompen o destiñen cuando las besas demasiado fuerte.

Y ¿qué queda entonces?

La desfigurada forma de las pasiones fugaces, el cansancio de una intensa dimensión imaginaria, lo bailado y lo comido como decía un amigo… o mejor aún… lo olvidado. 

Yo te seré fiel en el pecado, como la devoción obliga al devoto ante la imagen.
Te seré fiel como  lo que eres, El Enigma de mi Vida.

Barba Azul


martes, 15 de septiembre de 2015

El Enigma de la Vida





La primera vez que la vi me gustó por su olor, recuerdo que era un olor como a metal, o como a oxido, era una flaquita algo desaliñada, caminaba patiabierta como esas personas que sufren de pie plano y su busto apenas si se suponía entre un sujetador abultado.

Recuerdo que era amiga de todos, hablaba y hablaba y no había quien la frenara, tenía una hermana y cuando se juntaban llegaban a ser pesadas. Nunca tuvo ojos para mí, de hecho creo que nunca tuvo ojos para nadie, si bien como la mayoría de chicas atractivas de su edad, cambiaba de novio cada tanto. es paradójico como cierto tipo de mujeres son incapaces de experimentar largos periodos de soledad sentimental. Hay algo de poético en ello, también algo de trágico, tanto en quienes viven en la necesidad de la compañía, como quienes en la melancólica soledad buscamos justificación.

Un día tuve un sueño, soñé que dormía en su regazo, con sus manos acariciaba mi cabeza, sentía el calor de su vientre y la presión de mi rostro sobre sus piernas, de repente la vi mirarme fijamente a los ojos, pero no pude ver más que  frialdad e indiferencia, ¿qué habrá estado mirando? Como miles de máscaras sus miradas eran multiformes.

Ya de espaldas empezó a alejarse, sin mirar atrás, como esperando que la alcanzara. esa fue la última vez que la vi, caminando en la vespertina bruma de una mañana de domingo.

Para cuando desapareció en el horizonte la di por muerta, aunque tengo entendido que se le ha visto abandonado puertas abiertas, siempre sin mirar atrás. 

AD
B. Azul

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Tu, mi demonio


La oscuridad de tu mirada me tenía distraído, inmerso en la soledad que me transmite la madrugada en tu directa mirada. Esa mirada solo la podría tener un demonio; oscuro, frió y profundo.

Pero tú, hombre de mis pensamientos, tu eres mi demonio en la tierra ¿Acaso escapaste del tártaro para sofocar mi tranquilidad? Tu intención desesperada de amarme, no sé si es solo un antojo de tu voraz alma que esboza inmoralidad. Pero, sí, que bien lo pasamos juntos en el lecho, ahí, donde la calma se pierde y los sentidos se agudizan.

Tú, mi Asmodeo, mi demonio, mi súcubo, yo siempre dejo que mis manos recorran tu cuerpo cual botes en el rió para distraer mi mente, pero mi alma en realidad está siendo robada por tu avizoramiento maligno. Mis ojos dejan de enfocar, se nublan y solo veo negros tus ojos, delirantes, llenos de lujuria, ¡Asesinos!

Asesinos de mi alma, de mi pensamiento y mi frialdad, desgarrantes ojos profundos que no dejan mi alma desprender con facilidad, les gusta, ¡Sí! les gusta torturar mi carnalidad espiritual, como un soldado capturado, como una hormiga bajo la luz de una lupa. Así me siento.

¿Placer? Claro que sí, el placer de sentirme herido, deshilachado y acabado por tus manos blancas y frías, manos que bajan por mi cálido pecho y costillares rasgando como un lienzo mi piel, exponiendo la sangre a la fría corriente de aire que transmite la pequeña ventana de tu habitación en la madrugada.

Ahórcame, intenta asesinar mi dulce y tranquila personalidad puesto que tras el asesinato de aquel carácter; viene mi soledad y mis ganas de sangre entre la danza lujuriosa de nuestro sudoroso amor que nuestros cuerpos en un frenesí de ilusión se encarga de crear.

Tú, mi demonio.

Juancho

lunes, 31 de agosto de 2015

Los colombianos no somos desmemoriados



Hace poco divagaba por redes sociales deleitando mi morbo político con el tema de las deportaciones de colombianos desde Venezuela. Uno de esos comentarios era de un Uribista que en unas palabras muy punzantes argumentaba que los colombianos no teníamos memoria de todo lo bueno que había hecho el ex-presidente Álvaro Uribe en su mandato, que los colombianos no teníamos memoria porque no recordábamos el país que había para finales de los años noventa y principios del nuevo milenio cundo dicho personaje asumió la presidencia.

Fue entonces cuando me di cuenta que los colombianos sí tenemos memoria, solo que unos recuerdan ciertas cosas más que otros y viceversa. Lo que nos hace pensar que el problema es un poco más complejo y tiene quizá más de dos caras de la moneda. Hasta ahí dejaré ese tema ya que la política me es bastante ajena de interés y conocimiento.

Los colombianos tenemos tan buena memoria que diariamente recordamos lo que es el país desde que vivimos en él, recordamos lo que era y lo que es, aunque a mi parecer no ha cambiado mucho. Cuando vivía en mi finca antes de ser desplazado temía pisar una mina o caer en medio del fuego cruzado. Ahora, ya en la ciudad, temo ser asaltado y asesinado o caer de nuevo en el fuego cruzado. A pesar de todo, creo que son tiempos mejores, porque la tecnología nos permite escandalizarnos cada día con nuevas cosas y olvidar un poco nuestros propios temores.

Hasta hace muy poco yo también creía que éramos un pueblo sin memoria, pero me he dado cuenta que no es un problema de memoria, es un problema de costumbre. Los colombianos nos hemos acostumbrado a la violencia en todas las esferas de la sociedad, desde lo más íntimo de la familia a lo más amplio del estado, y no es decir que las ciudades sean campos de batalla; es decir que la guerra que este país vive es una guerra que nos toca a todos, es una guerra adquirida y heredada que se alimenta de sí misma y de un pueblo agresivo por antonomasia, una guerra que así no veamos ahí está.

Al comprar el caso colombiano con el caso chileno de la dictadura podemos ser conscientes de un tema de cifras escandalosas. Durante toda la dictadura chilena se hace un aproximado de 5.000 víctimas entre desaparecidos y asesinados en un periodo de 17 años, pero el tema no es político, ni militar. Hay que entender que son dos casos difíciles de comparar desde cualquier punto de vista. Sin embargo, al día de hoy, 25 años después de la finalización de la dictadura de Pinochet, aun se recuerdan las víctimas y se busca de forma permanente la “justicia”. El pueblo chileno de hoy tiene marcado el papel de las víctimas y los victimarios en su presente, buscando una especie de redención social y colectiva. Tanto así, que hay sentimientos de culpa y una profunda memoria de ese oscuro capitulo aun en personas que no les tocó vivir dicha época.

En el caso colombiano, por estar aún en medio del conflicto es imposible pensar en el proceso que ha adelantado Chile por ejemplo, sin embargo, eso no justifica la omisión consiente de un pasado y de unas victimas que aún no se terminan de calcular y que podrían ser tranquilamente 500 veces más que en el caso chileno.


Los colombianos nos hemos acostumbrado a la guerra, por eso recordamos el conflicto desde puntos de vista polarizados. Pero ¿y nuestras víctimas? ¿De llegar algún día a un proceso de pos-conflicto podríamos acercarnos a lo que es hoy Chile respecto a las víctimas?, En tal caso quizá igualmente olvidaríamos, no por culpa, sino por vergüenza. Sin embargo dudo mucho que suceda. somos un pueblo nacido en la guerra y quizá viviremos en ella por varias generaciones más, con memoria de nuestras víctimas, pero con la más consiente omisión.

B.A

viernes, 7 de agosto de 2015

Nacì diferente, Nacì gay




Toda mi vida viví en un mundo que no era el mío, simplemente estaba viviendo una vida que no era la mía. Parecía que alguien más me hubiera arrebatado mi real forma de ser para implantar una que no tiene nada que ver con mi alma y realidad interna.

A los 15 años me di cuenta que el sudor y la fuerza me gustaba más que el perfume y la delicada suavidad, me di cuenta que quería ser tratado con lujuria y picardía en cada mirada que con inocencia y serenidad.

Mis quince años fueron una revelación porque ahora no quería ir a la gimnasia para ver a mis compañeras saltar en la cuerda si no para ver los cortos pantalones de mis colegas, jugar futbol, cargarnos unos a otros en el suelo sintiendo la testosterona fluir por cada uno de nosotros. Solo me quedaba extasiarme con toda la discreción posible, negándome aún que esto pasaba por mi cabeza.

Al principio fue complicado porque una parte de mi quería amar a los chicos con todas sus fuerzas y gritarle al mundo lo que soy en realidad pero otra parte de mi quería engañarse, censurarse y decirse a sí misma “Tendré novia y 6 hijos” todo por el temor al “¿Qué dirán?”

Paralelo a mi crecimiento tanto psicológico como físico comencé a darme cuenta que había nacido así…diferente y que debía o lidiar con ello y sufrir o suprimirlo hasta mi muerte viviendo una historia falsa e hipócrita de película; el típico sueño de todos: una familia con un perro Golden retriver y una linda casa todo esto acompañado de un trabajo monótono y bien pago para mantener a mis hijos y esposa felices.

¡Noo! ¡Reacciona! – Me decía mi subconsciente desesperado intentando que me diera cuenta que me estaba engañando y debía pensar en mi felicidad. En esa carrera por crecer y en ese afán de encontrarme a mí mismo me di contra un muro que decía en letras grandes y legibles REALIDAD. Me quede mirando cada una de esas letras en shock, pensando, divagando, meditando, tal vez estupidizado por lo que estaba pasando por mi cabeza, Ese muro lo único que me hizo ver era lo infeliz y lo malo que era fingiendo ser otra persona.

Después del gran golpe que me di contra la realidad, aceptando mi ser entre lágrimas sollozantes y una zozobra  que más que hacerme sentir vacío me destruía las entrañas. Corrí desesperado a buscar mi único refugio, mi madre, cuando llegue a ella lo único que pude hacer fue sentarme lejos, como perro regañado y decirle con pocos alientos y caris bajo “Mamá, lo siento, soy gay”. Ella estaba sentada en su cama con un cigarrillo en la diestra soplando el humo sin dirección alguna, con la mirada en el infinito. Cuando le dije, solo atino a sonreír, darle una calada más al cigarrillo y mientras soltaba la última bocanada de humo responder: “Hijo, te amo seas lo que seas y cuando quieras serlo”.

Esta respuesta y esa despreocupada sonrisa me hicieron dar cuenta que sin importar que cuento con el amor de una persona incondicional y en realidad la única opinión que importa. Nací así y como muchos ¡Amo ser como me ha destinado el universo a ser! ¿Qué si cambiaria? No, no lo haría ¿Sufro? No, no sufro, de hecho disfruto esta gran travesìa que la vida me presenta.

Esta aventura de vivir siendo homosexual me ha traído lágrimas, tristeza pero mucha felicidad y tranquilidad. ¿Qué es ser gay? Simplemente, como lo demás, vivir las vicisitudes de ser un ser humano y estar vivo en esta cruel pero hermosa vida.


Juancho

sábado, 25 de julio de 2015

Ser tu mismo.


En medio de de una borrachera y entre las caricias en la espalda de consuelo por parte de una amiga me dio por filosofar. Pensar que solo cuando estoy borracho soy sincero y meditar que debo estar totalmente ido y con 2 sentidos para poder decir un “Te quiero”.

¿Qué si soy consciente de ello? Si, en la borrachera soy consciente pero soy impulsivo y descontrolado y hasta en el mismo momento me sorprendo cuando expreso lo que mi corazón siente. Eso sí, sin ser el típico borracho empalagoso, un par de te quiero en la noche y unas conversaciones profundas son lo suficiente.

En medio de esta semejante hecatombe filosofé y me di cuenta que ninguna persona, incluyéndome, estamos siendo quien queremos ser. Somos maniquís de una corporación que se llama VIDA y un cliente que se llama SOCIEDAD.

¿Por qué tenemos que ser lo que los demás quieran que uno sea? Todos seriamos felices y totalmente diferentes si en realidad comenzáramos a comportarnos como nos lo dicta el alma ¡Sin perjuicios! ¡Sin insultos! ¡Sin repercusiones! ¡Solo ser tú mismo!

Solo me queda invitar a todo el mundo ¡A hacer lo que el alma les diga! Yo he intentado y las veces que lo he hecho no me he arrepentido por mal que salgan las cosas, pero es eso, ser tú, y vivir la experiencia de no cambiar por nadie viviendo las vicisitudes de ser ¡REAL Y VERDADERO!


Juancho

jueves, 23 de julio de 2015

Hallelujah! Hallelujah! Hallelujah!


 ¿Habéis recordado alguna escena de vuestra infancia?

 ¿No es ya muy lejana?

Mi abuelo me dijo un día sin decirme nada, que no existía sentido alguno. Que nada sucedía porque nada era recordado como en realidad sucedía. Que amar era mentir de a poco, que odiar era fruncir el espíritu eternamente, que soñar era agonizar en los envidiosos anhelos.


Él no hacía nada, él ya era nada. Solo vi a mi abuelo unas dos veces, las suficientes para entender que no era un hombre de familia. Luego, escuché que había muerto; Borracho y con una enfermedad estomacal.

Yo creo que sí hay un sentido, el sentido de poder amar en fugaces instantes, poder odiar figuras grabadas a fuego en nuestra mente, o simplemente soñar ovejas eléctricas.  

Aleluya! Honraban su nombre en la iglesia, hablaban de las virtudes de la vida aplicadas en mi abuelo, de lo maravilloso y productivo hombre que había sido, hablaban de la familia y el legado que dejaría.


Sin embargo, en aquella última mirada que pudo propinarme desde su ataúd entre abierto, certeramente me dijo que… nada más sucedería.




B. Azul


martes, 14 de julio de 2015

Molly y yo.




Siempre he sido una persona algo introvertida, alejada de los lazos sociales cotidianos y sobretodo con una perspectiva bastante individualista de la existencia. Sin embargo en mi adolescencia y como quizá la mayoría de ustedes, entré en contacto con las drogas, primero la marihuana; La probé una vez, me reí a carcajadas por horas y luego vomité, rápidamente entendí que me producía una terrible sensación de malestar físico luego del desvanecimiento de sus efectos, luego probé la cocaína, algo un poco más fuerte, fue en el propio colegio, en clase de español.

Recuerdo que el profesor nos insistía de forma ofuscada pero resignada que guardáramos silencio, hablaba de Andrés Caicedo y Bukowski, nadie parecía prestar atención, ni siquiera yo que sostenía en ocasiones conversaciones literarias cuando me cruzaba con aquel profesor en algún corredor. Yo estaba cansado de aquel juego de repetir lo mismo e incitar a los estudiantes a realizar lecturas que nunca haríamos.

Jhoncito el tipo de atrás, llevaba siempre sus porros en esa mochila azul desgastada, y sagradamente al salir del colegio a plena caída de la noche subía calle arriba fumando con un bate, aquel día recuerdo que llevó un frasquito alargado como una probeta lleno de un polvo blanco. Yo estaba tan aburrido haciendo rayones en la silla que cuando me ofreció aquel polvito por debajo de la silla solo pensé en lo rebelde que sería… en plena clase… y paradójicamente una de las pocas clases en que me iba bien…

Sin pensarlo dos veces le metí una esnifada certera y sentí como el polvo entraba a quemones por mi nariz, sentí inmediatamente ese amargor mezclado con mocos bajar por la garganta, me recosté sobre el pupitre y un momento después me sentía maravillado, planeando viajes y pensando en declararle mi amor a alguna provinciana, eso sí con la boca reseca y los labios pelados de sobarme con la lengua.

Aquella fue la primera vez y no la última, al entrar en la universidad conocí el lado oscuro, conocí la variedad oxidada que supuestamente era más fuerte y por supuesto durante los meses que consumí recurrentemente sufría esas terribles resacas, no físicas como las del alcohol, sino morales y emocionales, la cocaína es una droga agradable pero maldita… un día me di cuenta que no justificaba su consumo en relación al costo anímico que traía luego del consumo.

Fue difícil dejarla inicialmente, de hecho solo pude dejarla totalmente cuando probé el LSD, lo probé con un primo artista, que hablaba como los artistas, por ejemplo lo llamaba “es Rico” recuerdo que fue toda una experiencia. Con el LSD opté por hacerlo cada tantos meses, a veces tres o a veces cada seis, era más una experiencia de disfrute sensorial, si bien describo los viajes de LSD como un malestar cognitivo, lo que si era genial eran los efectos de desvanecimiento, aunque es una droga que produce un terrible insomnio y su efecto llega a ser excesivamente largo. Con el LSD había encontrado lo que más se acercaba a mí experiencia ideal, sin embargo un amigo me había comentado del éxtasis, y la verdad no me interesaba mucho, había escuchado que la gente se moría si tomaba éxtasis y lo mezclaba con un trago de licor, o que el éxtasis los volvía locos y adictos en una sola metida. Sin embargo aquel amigo varias veces me dijo que tenía que vivir aquella experiencia, y yo siempre le respondía que no me interesaba. 

Sin embargo lo hice, y el mayor detonante fue mi interés por la música electrónica, que venía de años atrás cuando conocí esos álbumes sintéticos de Burzum y salté estrepitosamente a Aphex Twin luego de asistir a una conferencia sobre la historia de la electrónica a la que un tío me había llevado a un pueblo.
La primera vez del éxtasis fue con un amigo algo extraño, el tipo era de esos seres que no inspiran ninguna sensación ni pensamiento, esos seres que son como un gran bulto de nada, como esas personas que están condenadas a nacer, ser obreros y morir, sin embargo aquel amigo luchaba contra eso de formas que aún no logro comprender. Decidimos ir entonces a un concierto de Drum &Bass, compramos el material, el cual fue sospechosamente muy barato.
MDMA me había dicho el amigo que me lo recomendó, -compre ese- me dijo, -es una capsula, no es una pepa, las pepas son malas.- Igual aquel día fui presa de los nervios, ni la marihuana, ni la cocaína, ni el LSD me habían producido tanta ansiedad y temor.

Llegamos a la discoteca y estaba vacía, era el Dj y sus amigos, habían algunos de esos extraños jóvenes que son contratados por las discotecas para atraer personas y turistas, se veía a metros que la discoteca les daba el licor, que a lo mejor eran botellas rellenas de agua y ellos solo actuaban ser felices y bailar. Aquel amigo extraño estaba empezando a dudar, yo simplemente me trague la capsula y la pasé con agua, seguidamente él también lo hizo sin mediar palabra, media hora después yo estaba aburrido y me dormía, nadie llegaba y el Dj por más que se esmeraba no despertaba el interés de nadie, ni de sus amigos. De repente me había ganado la lotería, era el tipo más atractivo del universo y veía a este amigo raro como el mejor amigo que había tenido, la euforia se apoderó de mí y empecé a bailar sin parar en aquel lugar medio vació.

En aquel momento mi vida se dividió en dos, pero no en aquel momento, en aquel momento solo deseaba bailar y disfrutar, al día siguiente de camino al trabajo no podía dejar de sonreír, sentía una plenitud digna de cualquier religión o practica espiritual; mi amigo raro por el contrario se llenó de pánico toda la noche y se quedó parado contra un muro, el resultado fue cercenarse un dedo con la uña del dedo pulgar, recuerdo que casi se le veía el hueso. luego de esa fiesta nunca más lo vi, quizá acepto su destino y se dedicó a ser una nada, aunque en realidad escuché que se había vuelto millonario montando una empresa de programación, y si me viera hoy creo que yo sería la nada, aun andando en bus, comiendo calentado y siendo un completo asalariado.
Los siguientes días al recordar aquel episodio sentía una paz y emoción que me producía una incontenible sonrisa donde fuese que estuviese, esa capsula aquel día desató algo en mí, ahora cada vez que escuchaba una canción de electrónica movida me sentía profundamente complacido y empezaba a mover los hombros y la cabeza imitando un baile, pasaron seis meses hasta que volví a hacerlo y a partir de allí decidí hacerlo dos veces al año, siendo cada experiencia mejor que la anterior.

También descubrí que dicha droga maneja una filosofía muy contraria a las demás si se logra entender su lógica, y es, que con el MDMA menos es más, dosis mínimas te mantienen más presto a un disfrute consciente y pleno, convirtiéndolo en toda una experiencia auto controlada, sin embargo, también  he sido consiente de una especie de dependencia psicológica, a veces deseo hacerlo, deseo irme a una fiesta y pasarla bien, pero entonces recuerdo la filosofía de menos es más y espero el umbral entre cada consumo.


Así hoy entiendo que el MDMA ha sido una experiencia que me ha cambiado en muchos sentidos, me ha hecho entender muchas cosas sobre mis búsquedas y procesos, pero sobretodo he entendido que las drogas pueden llegar a ser tan constructivas y a la vez destructivas como la mismísima idea y práctica de la religión, siendo constructivas siempre y cuando, como todo, se use con moderación.


Barba Azul

sábado, 11 de julio de 2015

La tierra, el mundo y sus caminos.



Considero que en la tierra, el mundo y los caminos deben o tienen que ser, no un obstáculo si no un trayecto que debemos experimentar para llegar al a felicidad y la total tranquilidad del alma.

Porque ¿sin camino quienes seriamos? Si no tuviésemos una línea recta, curva o una inmensa e infinita llanura donde caminar estaríamos perdidos en este gran e inhóspito mundo que más que amarnos nos odia con todo su corazón, nos quiere fuera de él porque somos un parasito, un virus.

Puede ser que el cosmos nos llegue a querer divagantes en su inmensa oscuridad solo para vernos sufrir solos y sollozantes por desaprovechar lo que en algún momento, la vida, Dios o como lo llames, nos regaló.

Nos dio un presente y fue un mundo virgen lleno de posibilidades y bellezas pero que similar a las mujeres las penetramos tan brutal y déspota que acabamos con su belleza, agotamos su colágeno y hermosas líneas. Pero lo que es peor: no le damos el valor sentimental que merece.

Me gustaría decir que el mundo y la tierra en particular es una gran mujer ¡Que soporta al hombre en su vida! ¡En su interior! Pobre…pobre mujer…

Juancho

miércoles, 8 de julio de 2015

Me gustas y no me gustas

Nunca he aspirado escribir bien, lo hago porque me gusta y me hace sentir famoso. De hecho, me he dado cuenta que soy tan malo escribiendo que a veces hasta me aburre corregirme por la penosa experiencia de tener que releer lo que escribo. Entonces, ¿por qué lo sigo haciendo? No lo sé, quizá espero un epifanía milagrosa que me permita escribir algo como el código davinci y poder jubilarme a los treinta si es que sobrevivo los veintisiete. 

La gente que escribe bien tiene un don, es gente que cuando la ves a los ojos no ves nada coherente, son seres impredecibles y si bien suelen ser personas muy sociables o rodeadas de maniquíes, están solos siempre. Ellos tienen una chispa, ven lo que otros no vemos, o simplemente se lo inventan. Escribir bien no es saber escribir, aunque saber escribir siempre es escribir bien…  Como sea, ya me enredé. Creo que esto era una especie de carta y no una disertación sobre dónde poner la coma o el punto.

Querida Y.B:


Hola, espero que estés bien, por favor nunca cambies.

He intentado imaginarme como escribiría en este momento Neruda, Capote o Bukowski lo que tengo en la cabeza, pero creo que no he leído nada completo de ninguno... así que intentaré hacer lo que pueda.

Sé que has escrito en mi piel con desgarradora frustración, lo he sentido, sé que has visto algo más en las nubes que se nos escapa a quienes en la cotidianidad las ignoramos, sé que has visto por tu ventana lo que yo he tardado años en apenas vislumbrar, has llorado lágrimas en sueños que han regado el retoño de una rosa purpura. A veces me pregunto si extrañarás mirarme mientras vuelas en tu bici, mientras pedaleas por el surco contaminado de la ciudad de las nubes negras. Yo te extrañaré así no te vea, nunca te vi, nunca te quise ver y nunca te querré ver.

He visto el pasado y una despedida sin lugar, desconocidos he sabido que escribes mejor que yo aunque no escribas palurdos poemas como yo, escribes en el aire con tu olor a turista y tus extraños y cambiantes avatares. Escribes mejor que yo porque ni siquiera tienes que esforzarte en romper los cristales de un mundo de maniquíes.

He aprendido de ti a estar nuevamente confundido, a disfrutar imaginarme la piel trigueña de un dorso desnudo, a querer volver  a caminar sin temor por las calles del infierno, a comprender nuevamente que escribo a las cosas que me apasionan, a las cosas que no quiero comprender o simplemente que escribo porque me hace sentir bien, me hace sentir bien escribir mal porque al final, solo tú podrás recordarlo.



Barba Azul

jueves, 2 de julio de 2015

Comùn


Debo admitir que soy una persona totalmente adicta a socializar y por eso mismo siempre estoy en busca de amistades nuevas ya sea en línea, en un café, un bar o en la calle. Todas estas experiencias en cualquier tipo de lugar me han presentado personas que valen la pena dedicarles un poco de nuestra atención y otras que merecen la muerte.

Poco a poco me comencé a dar cuenta de que cada una de esas personas o la gran mayoría declaraba ser única en su especie y que no había dos como él o ella. Lo único que me quedaba por hacer era ahogarme en mis pensamientos mientras veía sus labios moverse sin decir ni una palabra, como si estuviese en “MUTE”.

Pensaba ¿Qué tan único es en realidad esta persona? Siempre note estándares y generalidades en cada una de las personas que escuchaba hablar y siempre pude llegar a la conclusión de que son tan comunes pero no tan corrientes como los demás.

Creo que todo el mundo está confundiendo ser corriente con ser común, todos son comunes pero no son corrientes, no sé si le este yo dando una definición errónea a lo “corriente” pero es algo que he evidenciado.

Actualmente escuchar Lana del rey y deprimirse es ser diferente y VIP pero a la hora de la verdad pocas personas logran entenderla o como también me gusta escuchar a Carlos Sadness y darme cuenta que muchas otras personas que lo escuchan es por lo mismo, por seguir con una fanaticada, ¡Eso, eso es! No somos diferentes o particularmente únicos, solo somos parte de fanaticadas y grupos que aparentan ser tan diferentes a los demás que terminan siendo iguales.

Conozco pocas personas que puedo decirles “Tú no eres común” y créanme que sobre salen de los estándares que nosotros entendemos como común ¡Son raros! Pero raros de los buenos. Generalmente la música es por lo que muchas personas se guían para poder decirse cuan diferente, bajo su postura, son de los demás.

Para mi escuchar Lana del rey es drogarse y mirar el mundo con un sentido lúgubre pero al mismo tiempo tan hermoso o para mi Carla Morrison es para tomarse un vino y decirle al amor que puede venir pero sin hacer daño.

Otros más piensan que para no ser común deben resaltar de manera exagerada y hasta ridícula recayendo ya en ser un payaso y créanme es una de los intentos de no ser común que más puedo odiar…Son tantas las formas que se busca no ser común que a la hora de la verdad todos son iguales, buscando ser algo que no son, enviando imágenes de lo que en realidad no sienten en el corazón ¿se han puesto a pensar si todos fueran como real mente deben ser? Ahí sí podría decirse que existe gente única, gente que no se deje llevar por el que dirán y solo vivan su vida como quieren vivirla.


Juancho

miércoles, 1 de julio de 2015

Ignorancia



Con el tiempo me he dado cuenta que vivo como un rey a comparación de muchas personas; obtengo lo que quiero, hago lo que quiero y cuando quiero y aun mejor soy lo que soy cuando me da la gana serlo.

Pero me tomé la tarea de darle un giro radical a mi vida para ver todas las partes de la historia, porque eso de “tener lo que quiero” me ha hecho elitista y egoísta, lo cual mi moral no me permitió y debido a eso me empujé explorar las caras de la moneda.

He ido a lugares que nunca pensé visitar y he hablado con personas con las que en mi vida pensé que intercambiaría unas palabras, estas personas me han enseñado que han sido atropelladas, maltratadas y atacadas por el simple hecho de ser pobres, negros, homosexuales, lesbianas, transexuales, indígenas o simples personas tan comunes que rayan en lo inútil para la sociedad.

Y sin darme cuenta…yo también he sido atropellado y más últimamente con tantos sucesos que se han presentado en mi vida, o no solo en mi vida, si no en la realidad de muchas personas alrededor del mundo.

Las personas más cercanas a mí son personas que se dejan llevar por su parecer y piensan poco o nada antes de abrir esa gran bocona llena de halitosis e insultos que lo único que hacen es que odie aún más el mundo y aún más a las personas que lo tienen todo en la vida…personas como la que fui yo en algún momento de mi existencia.

Ahora lo único que me queda es reflexionar y cambiar muchas de las posturas que sé, son erróneas en mi pensamiento y con esto invitarlos a reaccionar, pensar y meditar sobre todas estas cosas ¿Por qué discriminar? Somos iguales ¿Por qué no aprovechar eso y ser hermanos?


Juancho

martes, 30 de junio de 2015

¡En buena hora!

Había sangre desparramada por doquier… por fin habían cesado los ensordecedores estallidos de las recamaras de los pistolones y se escuchaba el murmullo lastimero de los agonizantes. Recordaba a Mishima.


Ahora que tengo vuestra atención procederé al epitafio incoherente de mi última noche.
Es bien sabido que una vida sin placeres es una vida vacía de sentido, es bien sabido que los placeres pueden variar de todo a nada o de lo que sea a lo que no sea, o vaya usted a saberlo. Desde alguien que se regocija en el placer culpable del canibalismo a quien goza del más gran placer al mirar un atardecer en el desierto. Lo cierto además del desierto es que mi placer más grande era la conjura del ascetismo y el aislamiento. Por supuesto para mí todo hombre no era una isla, si no que mejor aún; cada hombre era un planeta, cómo en el Principito, un planeta en el infinito y perenne vacío, divagando solo, de aquí para allá, pero a la vez sin moverse. ¿Qué más podría importar entonces?...

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…allí estaban de nuevo… sus ojos negros en contraste con su pálida piel blanquecina, su cabello ahora estaba suelto y se escurría sobre sus hombros, estaba frente a mí, tumbada sobre la cama, yo aún veía algo borroso y sentía profundamente trémulo y dolorido el cuerpo, pero eso no impedía contemplar tal belleza, sus labios parecían palpitar entre aquel rojo carmesí que teñía todos sus pliegues y comisuras, quizá aquella primorosa y sobria mujer era mi ángel de la guarda; Me había recogido de la calle luego de recibir una paliza, me había llevado a su casa quizá… Era un ángel… sí, eso era. Por un momento creí ver como aquella aparición angelical desplegaba sus alas blancas e inmaculadas… ¿Qué podría estar haciendo un ser como aquel en un lugar así? Un lugar como mi planeta… de nuevo me perdí en el vacío obscuro de sus ojos.

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Aquel lugar, como de costumbre estaba casi vacío, Una lámpara a media luz iluminaba todo el lugar y a sus comensales daba apenas el aspecto de siluetas, en el ambiente se percibía olor a carne asada con un sofocante aroma a cigarrillo, solo me quedaba un sorbo de cerveza. No es que fuese un bebedor empedernido, me gustaba a veces luego del trabajo y de camino a casa tomarme un par de birras; para luego… casi siempre, salir tambaleante de aquel lugar. La verdad no conocía el camino de aquel lugar a casa, todos los días luego de salir de allí, emprendía una travesía desconocida al vacío, de la cual nunca recordaba nada. Igual todos los días, jamás recordé el camino al trabajo, era como viajar en el tiempo, y mejor aún, saltarse partes.


Con amargura alcé la vista y me eché el último sorbo con resignación, leía en la primera página del periódico que se sostenía apenas sobre el bordillo de la mesa las letras agrupadas; “una mujer asesinada por su esposo celoso y un hombre a quien vilmente robaron los riñones en un motel” esos eran los titulares, un reducto de la impensable ciudad nocturna, rezago de los agitados días calurosos. Era como si el calor sofocante envenenara de odio a los pigmeos y luego en las frescas noches tropicales, en la retaguardia crepuscular, desataran todo su odio hacia la humanidad.

¿Alguna vez sintieron esa  particular sensación abrazadora?; esa sensación cuando se está convencido que no solo Dios es testigo de vuestra existencia, esa sensación cuando alguien tiene clavados los puñales de sus ojos en el centro de tu pecho. ¡Sí!… alguien me observaba, desde la lejanía de su anonimato… yo era un blanco fácil en aquel cotidiano lugar de sombras y siluetas. giré la cabeza suavemente a ambos lados, para percatarme que en la barra y bajo la lámpara, se encontraba sentada una mujer, una mujer delgada; usaba unas botas largas de cuero, tenía sus contorneadas piernas cruzadas, una falda oscura se dejaba caer casi hasta la mitad de la alta silla, llevaba un abrigo negro quizá de lana con boleros.

Paralizado e impávido me quedé al verle por completo, tenía un rostro redondeado y su piel era de un blanco indefinible, su cabello era negro y estaba amarrado de una liga que dejaba caer una cola casi hasta su cuello, no era un pelo muy largo, quizá le llegase un poco por debajo de los hombros, sus orejas eran pequeñas y delineadas con una perfección y sutileza digna de la más dogmática idea de creacionismo, tenía un par de bolitas rojas en sus lóbulos como aretes, sus cejas eran delgadas y bajo estas unas pestañas negras y encorvadas que atesoraban unos ojos increíblemente asombrosos; eran totalmente negros, infundían una presencia abrumadora como si fuesen a atraparte para siempre en su interior misterioso, entre estos, en saliente, una nariz alargada no falta de la más indescriptible belleza, sus labios delicados y delgados cual flor del beso, estaban pintados de un rojo vibrante, tenía un cuello tortuga que cubría la blancura de su tez. Sobre el espaldar de la silla una especie de bufanda o trapo de franjas blancas y negras que se extendía envolviéndole hasta la barra; donde la mortecina luz de la lámpara dejaba ver una copa atenazada por unas pálidas y flacuchas manos, tenía las uñas pintadas de azul que quizá podrían ser también color vino-tinto o rojo, como si una vez a la semana cambiara su color.

Era pues una personificación enigmáticamente angelical… De no ser por esos penetrantes ojos clavados sobre mí, diría que era un ángel. La verdad no comprendo cómo podía verme con la poca luz que había en el lugar, yo podía verle bajo aquella lámpara casi a la perfección. Pero ella… ella me observaba, ella miraba la penumbra que me rodeaba y se fundía conmigo. Parecía estar sola, no me había percatado de ella cuando entré y nunca le había visto en aquel lugar, de hecho nunca veo a nadie, solo veo sombras, allí o en cualquier lugar.

Intenté mirarle a los ojos, pero me pareció perderme en la negrura de su interior, entonces miré sus orejas y aquellas pepitas rojas, era increíble la incertidumbre en la que me había sumido, el desasosiego y  quizá pánico… no sé cuánto tiempo pasó, yo merodeaba con mis desorbitados ojos por toda su imagen, la obscuridad era cómplice de mi pecaminosa fisgonearía.

Entre tanto, con su actitud altiva y mirada inexorable, tomó un libro de encima de la barra, bebió con su característica delicadeza un sorbo más de su copa y luego de mirar la penumbra por última vez, manifestó una cálida sonrisa mientras se marchaba. Entre un gélido temblor un desafortunado impulso me obligó a levantarme de la mesa rápidamente y romper con el arrobamiento al que me había sometido tal revelación. Apuré el paso olvidando pagar la cuenta y saliendo de forma afanosa del lugar. En la calle, y aún sobrio, la noche se desenvolvía fría y presagiando un aguacero, ansioso miré a ambos lados de la calle, teniendo la sorpresa de chocar la vista con la retaguardia de aquella mujer que cruzaba la calle en un trote refinado. Empecé a avanzar sin perderla de vista…

-¡Amigo!- escuche una voz grave, muy cerca de mi costado.

 Me di vuelta y me topé con un tipo enorme, podía medir quizá dieciséis metros y ser tan ancho y  regordete como un autobús, sin alcanzar a responder, vi como levantaba su enorme mano regordeta y cómo con un gran impulso, la dirigía a mi rostro…

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…allí estaban de nuevo… sus ojos negros…
Estremecido en el aturdimiento, y absorto en el ensueño, recobré el sentido… sentí un frio punzante en todo el cuerpo, sobre todo en las piernas… al abrir los ojos me encontré con una tenue bombilla que iluminaba el cuarto de baño, habían unas paredes desteñidas y lentamente me percaté que estaba tumbado en la bañera boca arriba, intente sentarme, pero me sentía agraviadamente mareado, el agua era particularmente fría, como si el helado aire concentrado de todas las noches maldadosas se hubiese escurrido por la pequeña ventana que estaba en lo alto del cuartucho.

La bañera estaba a medio llenar y el agua se tornaba de un rojo carmesí… como sus labios... De repente sentí un pánico abrumador e intente ponerme en pie de nuevo, con la mala fortuna de impedírmelo un atroz dolor de espalda, miré a mi alrededor y topé la vista con una butaca al lado de la bañera con vendas ensangrentadas y algodón, el pánico fue aún mayor. Miré mis manos y luego me toque el área lumbar… sentí dos rusticas franjas rígidas, como si hubiesen cosido de la forma más burda las heridas de muerte del cadáver de algún vagabundo apuñalado, era una a cada lado, sentía el prominente hilo brotar de los bordes de la piel rajada formando canales en desorden. Mis ojos cayeron en picada hacia el pecho desnudo bajo mi mentón. Una sensación espeluznante me sobrecogió de pies a cabeza, era tan abrumadora que el dolor desapareció junto con el pánico… sentí como mi cabeza se inclinaba más hacia mi pecho de forma inevitable… y allí estaba, frente a mí, una herida abierta y sangrante que cubría el centro de mi pecho en forma vertical, podía ver mi interior y mis mortecinas viseras enrojecidas, la sangre apenas si salía, no imaginaba como habría salido a borbotones mientras aun dormía…

¡SI!... aquella hermosa mujer de ojos negros y aretitos rojos, además de mis riñones se había robado mi corazón, y peor aún… no había cocido con su burdo hilo el pecho desangrado que lo contenía.

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…allí estaban de nuevo… sus ojos negros… veía entonces las alas de aquel ángel… solo que ahora eran verdadera y profundamente negras, casi como el plumaje de un cuervo. Aquel no era el ángel inmaculado engendrado por la divinidad, por el contrario era el más obscuro esbirro de la muerte. Me perdí en un segundo en la profundidad de los recuerdos…  comprendí entonces que yo era aquel hombre… aquel miserable hombre del periódico, que abandonado en un sucio motel en la madrugada más gélida del año, había tenido su primer y último encuentro con el más hermosos ángel de la muerte, que además de robar el hilo tenue de su vida, había robado su corazón aún palpitante. Temor y Temblor, Muerte y Regocijo.

a C. María A.


Barba Azul