Nunca he aspirado escribir
bien, lo hago porque me gusta y me hace sentir famoso. De hecho, me he dado
cuenta que soy tan malo escribiendo que a veces hasta me aburre corregirme por
la penosa experiencia de tener que releer lo que escribo. Entonces, ¿por qué lo
sigo haciendo? No lo sé, quizá espero un epifanía milagrosa que me permita
escribir algo como el código davinci y poder jubilarme a los treinta si es que
sobrevivo los veintisiete.
La gente que escribe bien
tiene un don, es gente que cuando la ves a los ojos no ves nada coherente, son
seres impredecibles y si bien suelen ser personas muy sociables o rodeadas de
maniquíes, están solos siempre. Ellos tienen una chispa, ven lo que otros no
vemos, o simplemente se lo inventan. Escribir bien no es saber escribir, aunque
saber escribir siempre es escribir bien… Como sea, ya me enredé. Creo que
esto era una especie de carta y no una disertación sobre dónde poner la coma o
el punto.
Querida Y.B:
Hola, espero que estés bien,
por favor nunca cambies.
He intentado imaginarme como
escribiría en este momento Neruda, Capote o Bukowski lo que tengo en la cabeza,
pero creo que no he leído nada completo de ninguno... así que intentaré hacer
lo que pueda.
Sé que has escrito en mi piel
con desgarradora frustración, lo he sentido, sé que has visto algo más en las
nubes que se nos escapa a quienes en la cotidianidad las ignoramos, sé que has
visto por tu ventana lo que yo he tardado años en apenas vislumbrar, has
llorado lágrimas en sueños que han regado el retoño de una rosa purpura. A
veces me pregunto si extrañarás mirarme mientras vuelas en tu bici, mientras
pedaleas por el surco contaminado de la ciudad de las nubes negras. Yo te
extrañaré así no te vea, nunca te vi, nunca te quise ver y nunca te querré ver.
He visto el pasado y una
despedida sin lugar, desconocidos he sabido que escribes mejor que yo aunque no
escribas palurdos poemas como yo, escribes en el aire con tu olor a turista y
tus extraños y cambiantes avatares. Escribes mejor que yo porque ni siquiera
tienes que esforzarte en romper los cristales de un mundo de maniquíes.
He aprendido de ti a estar
nuevamente confundido, a disfrutar imaginarme la piel trigueña de un dorso
desnudo, a querer volver a caminar sin temor por las calles del infierno,
a comprender nuevamente que escribo a las cosas que me apasionan, a las cosas
que no quiero comprender o simplemente que escribo porque me hace sentir bien,
me hace sentir bien escribir mal porque al final, solo tú podrás recordarlo.
Barba Azul
Joven, espero que estés bien. En ocasiones te recuerdo.
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