¿Habéis recordado alguna escena de vuestra
infancia?
¿No es ya muy lejana?
Mi abuelo me
dijo un día sin decirme nada, que no existía sentido alguno. Que nada sucedía
porque nada era recordado como en realidad sucedía. Que amar era mentir de a
poco, que odiar era fruncir el espíritu eternamente, que soñar era agonizar en
los envidiosos anhelos.
Él no hacía
nada, él ya era nada. Solo vi a mi abuelo unas dos veces, las suficientes para entender
que no era un hombre de familia. Luego, escuché que había muerto; Borracho y
con una enfermedad estomacal.
Yo creo que sí
hay un sentido, el sentido de poder amar en fugaces instantes, poder odiar
figuras grabadas a fuego en nuestra mente, o simplemente soñar ovejas eléctricas.
Aleluya! Honraban
su nombre en la iglesia, hablaban de las virtudes de la vida aplicadas en mi
abuelo, de lo maravilloso y productivo hombre que había sido, hablaban de la
familia y el legado que dejaría.
Sin embargo, en
aquella última mirada que pudo propinarme desde su ataúd entre abierto, certeramente
me dijo que… nada más sucedería.
B. Azul

No hay comentarios.:
Publicar un comentario