jueves, 23 de julio de 2015

Hallelujah! Hallelujah! Hallelujah!


 ¿Habéis recordado alguna escena de vuestra infancia?

 ¿No es ya muy lejana?

Mi abuelo me dijo un día sin decirme nada, que no existía sentido alguno. Que nada sucedía porque nada era recordado como en realidad sucedía. Que amar era mentir de a poco, que odiar era fruncir el espíritu eternamente, que soñar era agonizar en los envidiosos anhelos.


Él no hacía nada, él ya era nada. Solo vi a mi abuelo unas dos veces, las suficientes para entender que no era un hombre de familia. Luego, escuché que había muerto; Borracho y con una enfermedad estomacal.

Yo creo que sí hay un sentido, el sentido de poder amar en fugaces instantes, poder odiar figuras grabadas a fuego en nuestra mente, o simplemente soñar ovejas eléctricas.  

Aleluya! Honraban su nombre en la iglesia, hablaban de las virtudes de la vida aplicadas en mi abuelo, de lo maravilloso y productivo hombre que había sido, hablaban de la familia y el legado que dejaría.


Sin embargo, en aquella última mirada que pudo propinarme desde su ataúd entre abierto, certeramente me dijo que… nada más sucedería.




B. Azul


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