miércoles, 2 de septiembre de 2015

Tu, mi demonio


La oscuridad de tu mirada me tenía distraído, inmerso en la soledad que me transmite la madrugada en tu directa mirada. Esa mirada solo la podría tener un demonio; oscuro, frió y profundo.

Pero tú, hombre de mis pensamientos, tu eres mi demonio en la tierra ¿Acaso escapaste del tártaro para sofocar mi tranquilidad? Tu intención desesperada de amarme, no sé si es solo un antojo de tu voraz alma que esboza inmoralidad. Pero, sí, que bien lo pasamos juntos en el lecho, ahí, donde la calma se pierde y los sentidos se agudizan.

Tú, mi Asmodeo, mi demonio, mi súcubo, yo siempre dejo que mis manos recorran tu cuerpo cual botes en el rió para distraer mi mente, pero mi alma en realidad está siendo robada por tu avizoramiento maligno. Mis ojos dejan de enfocar, se nublan y solo veo negros tus ojos, delirantes, llenos de lujuria, ¡Asesinos!

Asesinos de mi alma, de mi pensamiento y mi frialdad, desgarrantes ojos profundos que no dejan mi alma desprender con facilidad, les gusta, ¡Sí! les gusta torturar mi carnalidad espiritual, como un soldado capturado, como una hormiga bajo la luz de una lupa. Así me siento.

¿Placer? Claro que sí, el placer de sentirme herido, deshilachado y acabado por tus manos blancas y frías, manos que bajan por mi cálido pecho y costillares rasgando como un lienzo mi piel, exponiendo la sangre a la fría corriente de aire que transmite la pequeña ventana de tu habitación en la madrugada.

Ahórcame, intenta asesinar mi dulce y tranquila personalidad puesto que tras el asesinato de aquel carácter; viene mi soledad y mis ganas de sangre entre la danza lujuriosa de nuestro sudoroso amor que nuestros cuerpos en un frenesí de ilusión se encarga de crear.

Tú, mi demonio.

Juancho

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