Me ardes en la piel y las
entrañas como debe arder al leproso la inoculación de medicina, me dueles en la
profundidad del pecho como me dueles en la indescifrable posición del orgullo.
¿Cuántas cosas quedaron por
vivir?
De seguro infinitas, de seguro
incontables, pero no queda más que lo mismo de siempre; recuerdos maquillados y
esperanzas inventadas.
La tragedia de esta historia no
es el desamor, la verdadera tragedia de cualquier historia es el amor, el amor dispar
entre lobo y cordero, entre amante y amado.
Hay un innegable autoengaño en
amar y anhelar imágenes, las imágenes se rompen o destiñen cuando las besas
demasiado fuerte.
Y ¿qué queda entonces?
La desfigurada forma de las
pasiones fugaces, el cansancio de una intensa dimensión imaginaria, lo bailado
y lo comido como decía un amigo… o mejor aún… lo olvidado.
Yo te seré fiel en el pecado,
como la devoción obliga al devoto ante la imagen.
Te seré fiel como lo que eres, El Enigma de mi Vida.
Barba Azul

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