La verdad no sé muy bien de que va un Fanzine, a mis veintitantos años apenas si tuve uno en las manos, era sobre cine, cine de horror y música horripilante. No voy a negar la importancia que tuvo para mí en aquella época de limitado internet, y reconozco que gracias a esa decolorada publicación conocí muchas cosas que influyeron en lo que me quedaba de adolescencia.
Recientemente he llegado a considerar que los fanzines son medios muy del siglo
pasado, que hoy, en plena sociedad de la información son ineficaces en su difusión
frente medios virtuales como los blogs, videoblogs y demás. Aunque bien pueden
ser un lujo agraciado; valioso por su estética, o como una rareza coleccionable.
Sin embargo el Fanzine necesita la atención de un público agradecido y dedicado,
en pocas palabras, son la antítesis de lo que se puede encontrar en esta ciudad,
que como decía un amigo: “solo produce malas bandas de metal y cortometrajes de
pelaos que se están graduando de comunicación en la UdeM”. Y ahí voy a lo mío,
lo que me interesa y de lo único que puedo hablar sobre “cultura” y Medellín,
dos vocablos que se relacionan como el agua y el aceite pero que coexisten.
La pobre diversidad en relación a la música y el
cine en la ciudad no es del todo culpa de los artistas, o artesanos de lo desconocido
como prefiero llamarlos, No hay más recriminable culpable que un pueril público
mediocre y fashion, que va de aquí para allá en gavilla; buscando que hacer
pero sin nada nuevo que hacer.
¡Pero cuidado! Sí hay un público honesto y
especializado en torno a la otra música y a todo el cine, solo que es disperso
y extremadamente minoritario, dichos personajes se reconocen porque en sus
tendencias e intereses son de círculos muy cerrados, pasando inadvertidos entre
las hordas Paisanas. Lo sé porque los he visto, muchos se esconden entre la
multitud, otros son seres de extrañas apariciones en su carácter solitario, ellos
son quienes en el anonimato insignificante de sus guaridas, valoran propuestas
musicales como la del tipo de [neuma], o
la promoción audiovisual de esa discográfica llamada “The Burros”, que no
pueden ser más burros intentando impulsar cosas nuevas en la ciudad de los metaleros
radicales, los hipsters tropicales y los que creen que la cultura musical y
artística es solo altavoz, los eventos de la universidad o la pandémica moda clown.
¡Salve el Nacimiento de algún Fanzine!... que
pronto sucumbirá agónicamente en las manos de un público infame.
Barba Azul.
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