Siempre me he dejado llevar por las banalidades de la política
o de los grupos políticos, me refiero a la estética de sus eslogan y la manera
en que sus representantes se visten y dan su imagen al mundo.
Intuyo que esto no es algo que solo a mí me pasa y es que
somos tan banales en nuestra vida cotidiana que por inercia o subconsciente nos
dirigimos al o que vemos más lindo y acorde a nuestros particulares gustos como:
Colores, diseños, dibujos, eslogan, letras, ropa, corbatas entre otras cosas.
Siempre me ha gustado que la persona con la que siento empatía
política sea bien portada, bien vestida, enérgica y que sepa hablar porque no
solo las banalidades vienen de lo estético visual si no auditivo ¿y que peor
que un mal orador? Un ejemplo muy claro es Juan Manuel Santos.
Es tan así que en la religión es similar ¿han escuchado
predicar a un pastor? ¡Es convincente! Todo porque se viste de pies a cabeza de
manera apolínea y no solo eso sino que tiene una habilidad de oratoria
descomunal, que para ser sincero si parece otorgada por dios.
Todas estas banalidades nos dejan distraer así sea por fragmentos
de segundo al estar escuchando al sujeto, candidato, pastor, presidente y nos pongamos
apreciar su corbata, su traje, las banderas en su espalda o lo que sea y
perdemos la concentración en su oratoria o por lo menos lo que contiene la oratoria.
(Por eso la demagogia es tan sencilla y nos manipula de una
forma tan eficaz, evidentemente influyen muchas más cosas.)
Me di cuenta de eso cuando veía al ex presidente Uribe en
uno de sus mejores momentos, ahora no irradia nada porque es un pobre hombre
con mucha edad sentado en una silla del Senado al no haber podido alcanzar la
presidencia con su “control de play” Zuluaga.
Juancho
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