martes, 30 de junio de 2015

¡En buena hora!

Había sangre desparramada por doquier… por fin habían cesado los ensordecedores estallidos de las recamaras de los pistolones y se escuchaba el murmullo lastimero de los agonizantes. Recordaba a Mishima.


Ahora que tengo vuestra atención procederé al epitafio incoherente de mi última noche.
Es bien sabido que una vida sin placeres es una vida vacía de sentido, es bien sabido que los placeres pueden variar de todo a nada o de lo que sea a lo que no sea, o vaya usted a saberlo. Desde alguien que se regocija en el placer culpable del canibalismo a quien goza del más gran placer al mirar un atardecer en el desierto. Lo cierto además del desierto es que mi placer más grande era la conjura del ascetismo y el aislamiento. Por supuesto para mí todo hombre no era una isla, si no que mejor aún; cada hombre era un planeta, cómo en el Principito, un planeta en el infinito y perenne vacío, divagando solo, de aquí para allá, pero a la vez sin moverse. ¿Qué más podría importar entonces?...

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…allí estaban de nuevo… sus ojos negros en contraste con su pálida piel blanquecina, su cabello ahora estaba suelto y se escurría sobre sus hombros, estaba frente a mí, tumbada sobre la cama, yo aún veía algo borroso y sentía profundamente trémulo y dolorido el cuerpo, pero eso no impedía contemplar tal belleza, sus labios parecían palpitar entre aquel rojo carmesí que teñía todos sus pliegues y comisuras, quizá aquella primorosa y sobria mujer era mi ángel de la guarda; Me había recogido de la calle luego de recibir una paliza, me había llevado a su casa quizá… Era un ángel… sí, eso era. Por un momento creí ver como aquella aparición angelical desplegaba sus alas blancas e inmaculadas… ¿Qué podría estar haciendo un ser como aquel en un lugar así? Un lugar como mi planeta… de nuevo me perdí en el vacío obscuro de sus ojos.

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Aquel lugar, como de costumbre estaba casi vacío, Una lámpara a media luz iluminaba todo el lugar y a sus comensales daba apenas el aspecto de siluetas, en el ambiente se percibía olor a carne asada con un sofocante aroma a cigarrillo, solo me quedaba un sorbo de cerveza. No es que fuese un bebedor empedernido, me gustaba a veces luego del trabajo y de camino a casa tomarme un par de birras; para luego… casi siempre, salir tambaleante de aquel lugar. La verdad no conocía el camino de aquel lugar a casa, todos los días luego de salir de allí, emprendía una travesía desconocida al vacío, de la cual nunca recordaba nada. Igual todos los días, jamás recordé el camino al trabajo, era como viajar en el tiempo, y mejor aún, saltarse partes.


Con amargura alcé la vista y me eché el último sorbo con resignación, leía en la primera página del periódico que se sostenía apenas sobre el bordillo de la mesa las letras agrupadas; “una mujer asesinada por su esposo celoso y un hombre a quien vilmente robaron los riñones en un motel” esos eran los titulares, un reducto de la impensable ciudad nocturna, rezago de los agitados días calurosos. Era como si el calor sofocante envenenara de odio a los pigmeos y luego en las frescas noches tropicales, en la retaguardia crepuscular, desataran todo su odio hacia la humanidad.

¿Alguna vez sintieron esa  particular sensación abrazadora?; esa sensación cuando se está convencido que no solo Dios es testigo de vuestra existencia, esa sensación cuando alguien tiene clavados los puñales de sus ojos en el centro de tu pecho. ¡Sí!… alguien me observaba, desde la lejanía de su anonimato… yo era un blanco fácil en aquel cotidiano lugar de sombras y siluetas. giré la cabeza suavemente a ambos lados, para percatarme que en la barra y bajo la lámpara, se encontraba sentada una mujer, una mujer delgada; usaba unas botas largas de cuero, tenía sus contorneadas piernas cruzadas, una falda oscura se dejaba caer casi hasta la mitad de la alta silla, llevaba un abrigo negro quizá de lana con boleros.

Paralizado e impávido me quedé al verle por completo, tenía un rostro redondeado y su piel era de un blanco indefinible, su cabello era negro y estaba amarrado de una liga que dejaba caer una cola casi hasta su cuello, no era un pelo muy largo, quizá le llegase un poco por debajo de los hombros, sus orejas eran pequeñas y delineadas con una perfección y sutileza digna de la más dogmática idea de creacionismo, tenía un par de bolitas rojas en sus lóbulos como aretes, sus cejas eran delgadas y bajo estas unas pestañas negras y encorvadas que atesoraban unos ojos increíblemente asombrosos; eran totalmente negros, infundían una presencia abrumadora como si fuesen a atraparte para siempre en su interior misterioso, entre estos, en saliente, una nariz alargada no falta de la más indescriptible belleza, sus labios delicados y delgados cual flor del beso, estaban pintados de un rojo vibrante, tenía un cuello tortuga que cubría la blancura de su tez. Sobre el espaldar de la silla una especie de bufanda o trapo de franjas blancas y negras que se extendía envolviéndole hasta la barra; donde la mortecina luz de la lámpara dejaba ver una copa atenazada por unas pálidas y flacuchas manos, tenía las uñas pintadas de azul que quizá podrían ser también color vino-tinto o rojo, como si una vez a la semana cambiara su color.

Era pues una personificación enigmáticamente angelical… De no ser por esos penetrantes ojos clavados sobre mí, diría que era un ángel. La verdad no comprendo cómo podía verme con la poca luz que había en el lugar, yo podía verle bajo aquella lámpara casi a la perfección. Pero ella… ella me observaba, ella miraba la penumbra que me rodeaba y se fundía conmigo. Parecía estar sola, no me había percatado de ella cuando entré y nunca le había visto en aquel lugar, de hecho nunca veo a nadie, solo veo sombras, allí o en cualquier lugar.

Intenté mirarle a los ojos, pero me pareció perderme en la negrura de su interior, entonces miré sus orejas y aquellas pepitas rojas, era increíble la incertidumbre en la que me había sumido, el desasosiego y  quizá pánico… no sé cuánto tiempo pasó, yo merodeaba con mis desorbitados ojos por toda su imagen, la obscuridad era cómplice de mi pecaminosa fisgonearía.

Entre tanto, con su actitud altiva y mirada inexorable, tomó un libro de encima de la barra, bebió con su característica delicadeza un sorbo más de su copa y luego de mirar la penumbra por última vez, manifestó una cálida sonrisa mientras se marchaba. Entre un gélido temblor un desafortunado impulso me obligó a levantarme de la mesa rápidamente y romper con el arrobamiento al que me había sometido tal revelación. Apuré el paso olvidando pagar la cuenta y saliendo de forma afanosa del lugar. En la calle, y aún sobrio, la noche se desenvolvía fría y presagiando un aguacero, ansioso miré a ambos lados de la calle, teniendo la sorpresa de chocar la vista con la retaguardia de aquella mujer que cruzaba la calle en un trote refinado. Empecé a avanzar sin perderla de vista…

-¡Amigo!- escuche una voz grave, muy cerca de mi costado.

 Me di vuelta y me topé con un tipo enorme, podía medir quizá dieciséis metros y ser tan ancho y  regordete como un autobús, sin alcanzar a responder, vi como levantaba su enorme mano regordeta y cómo con un gran impulso, la dirigía a mi rostro…

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…allí estaban de nuevo… sus ojos negros…
Estremecido en el aturdimiento, y absorto en el ensueño, recobré el sentido… sentí un frio punzante en todo el cuerpo, sobre todo en las piernas… al abrir los ojos me encontré con una tenue bombilla que iluminaba el cuarto de baño, habían unas paredes desteñidas y lentamente me percaté que estaba tumbado en la bañera boca arriba, intente sentarme, pero me sentía agraviadamente mareado, el agua era particularmente fría, como si el helado aire concentrado de todas las noches maldadosas se hubiese escurrido por la pequeña ventana que estaba en lo alto del cuartucho.

La bañera estaba a medio llenar y el agua se tornaba de un rojo carmesí… como sus labios... De repente sentí un pánico abrumador e intente ponerme en pie de nuevo, con la mala fortuna de impedírmelo un atroz dolor de espalda, miré a mi alrededor y topé la vista con una butaca al lado de la bañera con vendas ensangrentadas y algodón, el pánico fue aún mayor. Miré mis manos y luego me toque el área lumbar… sentí dos rusticas franjas rígidas, como si hubiesen cosido de la forma más burda las heridas de muerte del cadáver de algún vagabundo apuñalado, era una a cada lado, sentía el prominente hilo brotar de los bordes de la piel rajada formando canales en desorden. Mis ojos cayeron en picada hacia el pecho desnudo bajo mi mentón. Una sensación espeluznante me sobrecogió de pies a cabeza, era tan abrumadora que el dolor desapareció junto con el pánico… sentí como mi cabeza se inclinaba más hacia mi pecho de forma inevitable… y allí estaba, frente a mí, una herida abierta y sangrante que cubría el centro de mi pecho en forma vertical, podía ver mi interior y mis mortecinas viseras enrojecidas, la sangre apenas si salía, no imaginaba como habría salido a borbotones mientras aun dormía…

¡SI!... aquella hermosa mujer de ojos negros y aretitos rojos, además de mis riñones se había robado mi corazón, y peor aún… no había cocido con su burdo hilo el pecho desangrado que lo contenía.

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…allí estaban de nuevo… sus ojos negros… veía entonces las alas de aquel ángel… solo que ahora eran verdadera y profundamente negras, casi como el plumaje de un cuervo. Aquel no era el ángel inmaculado engendrado por la divinidad, por el contrario era el más obscuro esbirro de la muerte. Me perdí en un segundo en la profundidad de los recuerdos…  comprendí entonces que yo era aquel hombre… aquel miserable hombre del periódico, que abandonado en un sucio motel en la madrugada más gélida del año, había tenido su primer y último encuentro con el más hermosos ángel de la muerte, que además de robar el hilo tenue de su vida, había robado su corazón aún palpitante. Temor y Temblor, Muerte y Regocijo.

a C. María A.


Barba Azul




lunes, 22 de junio de 2015

TOP SIX: Escenas más perturbadoras del Cine.


El objeto de esta recopilación es traer algo de desagrado a todos ustedes. Hay alerta de spoiler en las películas, sin embargo varias de ellas son películas poco relevantes y que quizá nunca verán… así que pueden ver los vídeos sin problema. aclaro que de la selección se excluyen géneros como el Horror y el Gore, debido a que estos géneros de por sí ya tienen lo suficiente de perturbador.

Por favor recordemos que solo es cine, nadie se ha lastimado haciendo dichas escenas.

6-American History X (¿a qué huele mi andén?)


Tony Kaye nos quiere matar a punta de reflexiones morales entre esta película y El Profesor (2011), sin embargo es una gran película sobre la madurez social y tiene mucho que decir sobre el arte y el aprendizaje del buen vivir o el antiguo “si hace eso le pasa esto”. Y por supuesto nos trae una de las escenas más impactantes del cine que parte la película en dos,  además de la dentadura de la víctima.



5-Death Proof (Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich - Hold tight)

Grindhouse (2007)  es la oda al exceso, el cine que intenta ser malo -pero eso mismo lo hace bueno-. Este empaquetado enfermizo del coctel Rodríguez-Tarantino está recargado de clichés ochenteros y la vulgar mezcla entre los espaguetis western y el horror visceral de la serie B de los ochenta.
  

Grindhouse está compuesta de dos películas, una de las cuales, Death Proof, tiene una escena tan fascinante por su composición como por su impacto; Música, coches exóticos y por supuesto una buena cuota de desórdenes psiquiátricos.



4-Oldboy (Lame mis zapatos)

Asia, Asia, Asia. Como nos desconciertas con tus desquiciados productos, podría hacer un top ten de escenas perturbadoras de películas asiáticas, sin embargo he elegido una representante que cumple con suficiencia este tópico, pertenece a una de las mejores películas asiáticas y a una de las mejores trilogías del cine: Oldboy de la Trilogía de la Venganza de Chan-Wook Park –El Mejor Director Coreano-.



A diferencia de la gran cantidad de productos excéntricos asiáticos, esta película sí vale la pena ser vista, ya que es en sí misma una experiencia perturbadora. Esta es una escena elegida casi aleatoriamente.




3-Irreversible (El Tenia es un gusano)


No sabemos, ni queremos saber que tiene Gaspar Noé en la cabeza, Relaciones incestuosas, sodomía, pero sobretodo un ojo agudo para la crudeza. Esta escena de una violación es quizá la más explícita e impactante de todo el cine. Irreversible es una película sin revés, es la crudeza de las pasiones sin freno, es la demencia cotidiana de las noches de ghetto europeo. 





2-Seul Contre Tous (Sin comentarios)


Gasparito… de nuevo Gasparito, ni con Enter the Void (2009) te salvas del infierno. Seul Contre Tous (1998) es sencillamente la película más fuerte y cruda que vi jamás. Opera prima del director es la desfiguración de cualquier idea de moral, es el rompimiento de la norma básica, el quebranto de la única ley sagrada. Es una película que rompe cualquier límite de cordura en su totalidad, es la miseria y la desgracia. Es la absoluta porquería. Esta escena por demás, es solo la explicita muestra de la agonía de una película desgarradora. En mi vida hay un antes y un después de esta película. Sin embargo no la recomiendo, es aburrida como un desempate de ajedrez. 





1-The Killer Inside Me (Vaya forma de Amar)


Es una película olvidada y con razón, llega a ser para muchos una vergüenza para el séptimo arte, ¿cómo puede ser arte una película que en alguna medida es complaciente con la misoginia y el maltrato a la mujer?, la película es chocante, y mucho más lo llega a ser el personaje central, la película nos invade de una impotencia abrumadora que no tiene reivindicación.
A veces me pregunto cómo Michael Winterbottom empezó haciendo películas como Jude (1996) y termino con esto, eso se llama “convertirse al lado oscuro” ¿le habrá pasado algo? Luego de The Killer Inside me (2009) no se ha animado a hacer otra película. 



La escena es simplemente molesta, es fuerte, y en mi caso me genera una risa nerviosa, no sé si es por impacto o por alguna represión misógina en mi tuétano.


Barba Azul


viernes, 19 de junio de 2015

Sugestión en fumadores de marihuana





Algo que por experiencia propia y un poco de análisis me he dado cuenta de la sugestión que viven los fumadores de marihuana en Colombia, no sé si en otros países sea así, pero en Colombia y en Medellín es algo evidente ¿A qué me refiero con todo esto?...

Salgo todas las mañanas y todas las noches a trotar con mi perro y en el trayecto que uso es normal que te topes con 1, 2 o 3 personas fumando marihuana debido a que es una zona donde la gente camina a la par con la corriente del rio y el citadino follaje que cobija el camino.

Siempre que paso cerca a uno de ellos o una de ellas, ya se volvió normal ver niñas de 15 o 16 años con sus amiguitas fumando marihuana, se apenan y enrojecen sus mejillas muriendo de pena sintiéndose juzgados y tal vez lo único que se te pasa por la cabeza mientras los miras es: “Que bonita” o “¿Qué día es hoy?”.

Esa sugestión de sentirse en todo momento juzgados por una sociedad sínica que lo único que logra es que estas personas actúen antipáticos y beligerantes como medio de mecanismo, nosotros como sociedad somos los culpables de que tengan que buscar cualquier rincón o espacio, siendo perseguidos, para poder fumar un poco de marihuana.

No solo es la sociedad es la policía misma que "criminaliza" y ataca a estas personas que según la ley tienen todo el derecho de portar y fumar su dosis mínima siempre y cuando sea lejos de un parque público. Por ejemplo la zona que transito con mi gordo pero fuerte perro es una zona apta y serena para hacerlo, entonces ¿Por qué la policía los ataca de esta manera?

Creo que es hora de cambiar nuestra postura frente a los fumadores de marihuana para evitar que se sugestionen y recaigan en esos vicios que genera estar sugestionado como actuar violento, antipático, penoso o herido.


Juancho

viernes, 12 de junio de 2015

Las banalidades de la política



Siempre me he dejado llevar por las banalidades de la política o de los grupos políticos, me refiero a la estética de sus eslogan y la manera en que sus representantes se visten y dan su imagen al mundo.

Intuyo que esto no es algo que solo a mí me pasa y es que somos tan banales en nuestra vida cotidiana que por inercia o subconsciente nos dirigimos al o que vemos más lindo y acorde a nuestros particulares gustos como: Colores, diseños, dibujos, eslogan, letras, ropa, corbatas entre otras cosas.

Siempre me ha gustado que la persona con la que siento empatía política sea bien portada, bien vestida, enérgica y que sepa hablar porque no solo las banalidades vienen de lo estético visual si no auditivo ¿y que peor que un mal orador? Un ejemplo muy claro es Juan Manuel Santos.

Es tan así que en la religión es similar ¿han escuchado predicar a un pastor? ¡Es convincente! Todo porque se viste de pies a cabeza de manera apolínea y no solo eso sino que tiene una habilidad de oratoria descomunal, que para ser sincero si parece otorgada por dios.

Todas estas banalidades nos dejan distraer así sea por fragmentos de segundo al estar escuchando al sujeto, candidato, pastor, presidente y nos pongamos apreciar su corbata, su traje, las banderas en su espalda o lo que sea y perdemos la concentración en su oratoria o por lo menos lo que contiene la oratoria.

(Por eso la demagogia es tan sencilla y nos manipula de una forma tan eficaz, evidentemente influyen muchas más cosas.)


Me di cuenta de eso cuando veía al ex presidente Uribe en uno de sus mejores momentos, ahora no irradia nada porque es un pobre hombre con mucha edad sentado en una silla del Senado al no haber podido alcanzar la presidencia con su “control de play” Zuluaga.

Juancho

jueves, 11 de junio de 2015

Por qué ver el Abrazo de la Serpiente



Yo no soy un acérrimo amante del cine colombiano, mucho menos crítico del mismo –Ni de nada-, he tenido un tímido acercamiento a las cintas nacionales como cualquiera de ustedes,  sin embargo sí me ha despertado algún interés la historia del cine colombiano; teniendo referencia de las que son quizá las cintas más representativas. Es más, muchas veces ni me entero de las nuevas producciones nacionales, sin embargo, esta vez, tanto para mí como para muchos de ustedes ya ha pasado por nuestros oídos en varias ocasiones El Abrazo de la Serpiente y su reciente galardón en Cannes. Pues bien, expondré aquí  según mi opinión por qué es una película que cualquier colombiano o persona interesada en el cine debe ver.

Ciro Guerra, director del abrazo de la serpiente, ya había sorprendido con su opera prima La Sombra del Caminante, una película muy simple pero con un argumento y personajes verdaderamente ricos, posteriormente la casi experiencia sensorial con los viajes del viento. Ahora nos presenta El Abrazo de la Serpiente, un relato de la selva, una producción que intenta presentar otra visión de ese universo vivo y habitado que es la selva. La reconstrucción se elabora desde los diarios de Theodor Koch-Grünberg un etnólogo Alemán que a principios del siglo XX recorría junto a dos compañeros la amazonia colombiana.  



La fotografía de la película es sobresaliente, el uso del blanco y negro le da ese toque de regresión temporal a principios del siglo XX. las tomas a la espesura, los reflejos en el agua, los sonidos de la selva, nos recuerdan un clima tropical que se escurre en todos los rincones del país, sin embargo la imagen de la selva nos expone a descubrir un mundo desconocido.

Hay que aclarar que el abrazo de la serpiente No es una película histórica, ni mucho menos se revindica con la misma mostrando a profundidad la obscura y cruenta vorágine de las caucherías, apenas si vemos tal tema como un elemento secundario en la película, si bien es siempre latente pero como un espectro de maldad.



La cinta tiene una ambientación muy acertada, su argumento gira en torno al contraste entre dos mundos por medio de los personajes principales. Personajes que se contraponen como individuos pero a la vez contraponen la cosmología y estructura de pensamiento de dos mundos, además, es maravillosa la perspectiva de los “blancos” como los intrusos y ajenos a ese mundo tribal,  vistos desde los indígenas como seres enfermos, delirantes y portadores del mal interminable y el fin del mundo –representados en la película por el personaje del Alemán enfermo-. Sin embargo no todo se presenta en la contradicción de los dos mundos, hay también un sincretismo clave de unión de lo peor de ambos, manifestado en el segmento del mesías portugués y la secta religiosa; La selva como Europa tiene sus propias formas de vida, solo que en este caso el “blanco” es el de la otra orilla, o el de cualquier orilla –idea que ya para cualquiera parece desquiciada-. En esta cinta el indígena cuenta su historia, expone una parte de su mundo, nos da cuenta que la cosa no es tan sencilla como muchas veces pensamos al referirnos a los indígenas, hay toda una estructura de pensamiento, una forma muy propia y rica de ver y entender un universo en simbiosis, visión tan válida según la película como cualquier otra.

Por otro lado, no podemos dejarnos llevar de esa romántica idea de “ancestralidad” y falso misticismo de la película, ya que en la misma cinta solo es un reflejo de una malograda glorificación de un supuesto pasado desde una naturalista idea de presente, algo típico de esas personas que trabajan toda la semana en la oficina para irse el fin de semana a embriagarse de yagé y creerse parte de la tribu ancestral. La moda del yagé es un trampolín eficiente para la película en taquilla, sin embargo, no se puede sobreponer  a lo que dijimos antes esa idea de que es una película cuyo tema gira en torno a los viajes mágicos por medio de plantas –que no dejan de ser drogas- o las lecciones morales que adornan el dialogo de los indígenas. La película es un contraste, pero sobretodo, la reivindicación en el cine de un sector condenado a ser en las cintas clásicas pura utilería, los indios;  La película intenta mostrar un mundo indígena tan complejo y lleno de riqueza de pensamiento como cualquier otra civilización.


Desde lo técnico es quizá una de las mejores películas colombianas que he visto, es muy bien lograda desde el aspecto audiovisual, argumentativo y de trasfondo; es por tanto una película completa en todo sentido. Más que verla por interés al tema, es verla por apoyar una realización responsable histórica y narrativamente, y es apenas un atisbo del potencial de las historias colombianas llevadas al cine. 
Hay mucho por hacer entonces, El Abrazo de la Serpiente es la prueba de que se puede lograr y que de hecho se está logrando.

Punto  favor del cine colombiano.


Barba Azul


martes, 9 de junio de 2015

Cervantes Vs Edison


La guerra entre España y Estados Unidos, como consecuencia del hundimiento del Maine  en la bahía de La Habana el 15 de Febrero de 1898, era por todas partes el tema obligado de las discusiones entre los partidarios de una u otra nación.



Discutía Eduardo Latorre (hermano de don Gabriel) una noche en el Club, defendiendo a España, apoyándose en sus grandes hechos históricos, mencionando sus altas figuras como El Cid, los conquistadores de América, Cervantes y tantos otros, y el yankófilo le replicaba exaltando la enorme riqueza de los Estados Unidos, sus progresos materiales, los inventos de Edison; Latorre para cortar la discusión, le contestó: “será muy cierto todo lo que me dice pero yo gozo más leyendo El Quijote que hablando por teléfono”


Lisandro Ochoa

viernes, 5 de junio de 2015

La doble moral colombiana frente a los linchamientos de ladrones


¡Colombianos ¿Cuándo vamos a ser consecuentes con lo que decimos?! Creo que todos los colombianos que nos consideramos medianamente críticos estamos cansados, por no decir que estamos MAMADOS de la doble moral Colombiana y más por las redes sociales; que es herramienta principal de una frágil moral para decaer. Con este artículo no quiero decir que apoye los linchamientos a los ladrones, solo doy mi opinión de los colombianos frente a esto.

Ahora se volvió popular que las personas graban todo lo que tenga que ver con polémica social o política y lo suben a las redes sociales. En este momento es el auge de los linchamientos a ladrones que los Colombianos hacen porque “Se toman la justicia por sus propias manos” ya que la policía los “agarra  y los suelta”

Hace unos 6 o 7 meses atrás si le preguntaran a cualquier colombiano ¿Qué le haría a un ladrón si lo tuviera en sus manos? Respondería con el mayor de los gustos y saboreándose en la mente lo siguiente: ¡Hay que matarlos a todos esos “hijueputas”! o ¡Cortarle los brazos por ratas!

Pero ahora lo que hacen es hacer campañas con su poca -casi inexistente- y dudosa moral para proteger los derechos de los ladrones, para que no los linchen y puedan seguir delinquiendo; porque si hacen esto es por necesidad y la ineficacia del estado colombiano para regular estas conductas.


Seamos consecuentes con nuestras palabras. Si apoyamos algo lo defendemos hasta que nuestra vida nos lo permita y no estar cambiando de rumbo y de bando, ese es el regalo de la política dividida de este país que nos fragmenta la moral, tema que va de la mano pero por debajo de la mesa.

Juancho

martes, 2 de junio de 2015

En Medellín se abortan Fanzines.


La verdad no sé muy bien de que va un Fanzine, a mis veintitantos años apenas si tuve uno en las manos, era sobre cine, cine de horror y música horripilante. No voy a negar la importancia que tuvo para mí en aquella época de limitado internet, y reconozco que gracias a esa decolorada publicación conocí muchas cosas que influyeron en lo que me quedaba de adolescencia.  

Recientemente he llegado a considerar  que los fanzines son medios muy del siglo pasado, que hoy, en plena sociedad de la información son ineficaces en su difusión frente medios virtuales como los blogs, videoblogs y demás. Aunque bien pueden ser un lujo agraciado; valioso por su estética, o como una rareza coleccionable. Sin embargo el Fanzine necesita la atención de un público agradecido y dedicado, en pocas palabras, son la antítesis de lo que se puede encontrar en esta ciudad, que como decía un amigo: “solo produce malas bandas de metal y cortometrajes de pelaos que se están graduando de comunicación en la UdeM”. Y ahí voy a lo mío, lo que me interesa y de lo único que puedo hablar sobre “cultura” y Medellín, dos vocablos que se relacionan como el agua y el aceite pero que coexisten.

La pobre diversidad en relación a la música y el cine en la ciudad no es del todo culpa de los artistas, o artesanos de lo desconocido como prefiero llamarlos, No hay más recriminable culpable que un pueril público mediocre y fashion, que va de aquí para allá en gavilla; buscando que hacer pero sin nada nuevo que hacer.

¡Pero cuidado! Sí hay un público honesto y especializado en torno a la otra música y a todo el cine, solo que es disperso y extremadamente minoritario, dichos personajes se reconocen porque en sus tendencias e intereses son de círculos muy cerrados, pasando inadvertidos entre las hordas Paisanas. Lo sé porque los he visto, muchos se esconden entre la multitud, otros son seres de extrañas apariciones en su carácter solitario, ellos son quienes en el anonimato insignificante de sus guaridas, valoran propuestas musicales como la del tipo de  [neuma], o la promoción audiovisual de esa discográfica llamada “The Burros”, que no pueden ser más burros intentando impulsar cosas nuevas en la ciudad de los metaleros radicales, los hipsters tropicales y los que creen que la cultura musical y artística es solo altavoz, los eventos de la universidad  o la pandémica moda clown.

¡Salve el Nacimiento de algún Fanzine!... que pronto sucumbirá agónicamente en las manos de un público infame.


Barba Azul.