miércoles, 1 de junio de 2016

Ya me cansé de querer enamorarme.


Vivo una juventud deseosa de querer enamorarse, ser dueño de alguien y ser propiedad de alguna persona ¡Me da igual su género, raza o descendencia!  Simplemente quiero saber qué es eso llamado “amor”, algunos dicen que no existe pero yo en mi utópica mente quiero engañarme y decir que sí es una realidad, difícil pero una realidad al fin y al cabo.

Lo malo es que en medio de mis pensamientos, melancolía y soledad junto a la cantidad de decepciones me han hecho inclinarme por la idea y dar la razón a los que argumentan la inexistencia de aquel apego llamado amor.

Me cansé de perseguir almas libres, corazones rotos y personas con resentimientos. Estoy harto de rendir pleitesía, complacer y encaminar sus pensamientos a los míos para que de alguna u otra forma se enamoren de mí sin más.

Estoy desmoralizado por tener que pasar uno por uno cada de ellos rechazándome porque quieren vivir la vida por momentos y banalidades fuertes pero otros porque simplemente no cumplen mis propias expectativas exigentes. Detesto mi propia forma de amar y odio mi amor por la soledad.

Sin embargo, creo que todavía existe algún tipo de cura para mi exigencia, una venda para los heridos y una  correa para las almas libres. No siempre la cura será para volver a caer, la venda para quitarse y la correa para cohibirse.

Simplemente soy de realidades inconstantes, pensamientos fugaces y amores tardíos. De sexo en la mañana y café en la tarde. De perder la mente y recuperarla en tan solo un instante, yo soy de esos que no vive aquí ni allá, solo vive.

Juancho

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