Vivo una juventud deseosa de querer enamorarse, ser dueño de
alguien y ser propiedad de alguna persona ¡Me da igual su género, raza o
descendencia! Simplemente quiero saber
qué es eso llamado “amor”, algunos dicen que no existe pero yo en mi utópica
mente quiero engañarme y decir que sí es una realidad, difícil pero una
realidad al fin y al cabo.
Lo malo es que en medio de mis pensamientos, melancolía y soledad junto
a la cantidad de decepciones me han hecho inclinarme por la idea y dar la razón
a los que argumentan la inexistencia de aquel apego llamado amor.
Me cansé de perseguir almas libres, corazones rotos y personas
con resentimientos. Estoy harto de rendir pleitesía, complacer y encaminar sus
pensamientos a los míos para que de alguna u otra forma se enamoren de mí sin más.
Estoy desmoralizado por tener que pasar uno por uno cada de
ellos rechazándome porque quieren vivir la vida por momentos y banalidades
fuertes pero otros porque simplemente no cumplen mis propias expectativas exigentes.
Detesto mi propia forma de amar y odio mi amor por la soledad.
Sin embargo, creo que todavía existe algún tipo de cura para
mi exigencia, una venda para los heridos y una
correa para las almas libres. No siempre la cura será para volver a
caer, la venda para quitarse y la correa para cohibirse.
Simplemente soy de realidades inconstantes, pensamientos fugaces y
amores tardíos. De sexo en la mañana y café en la tarde. De perder la mente y
recuperarla en tan solo un instante, yo soy de esos que no vive aquí ni allá,
solo vive.
Juancho

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