Claro, es un hecho que el humo del cigarrillo mata y el único remedio
que funciona solo sí se hace a tiempo y es dejar de fumar. La cuestión tampoco es
hablar de la muerte, es hablar de los fumadores y el entorno en el que
vivimos.
Es muy común encender un cigarrillo y ver las malas caras
junto a su distancia que irradia desden como si lo que acabaras de hacer fuese prender
un cirio pascual a Satanás. Se enferman, les da rinitis o simplemente odian
percibir el hedor del alquitrán y el tabaco. Entendible, no los juzgo.
Frente a estas actitudes, con el tiempo, los fumadores nos
acostumbramos a encender nuestros cigarrillos bajo la presencia de futuros cadáveres
fumadores igual a uno, en sitios al aire libre y por supuesto preguntamos “¿Te
molesta?”. Buscamos el lugar, momento y personas propicias para encender
nuestro placer y teñir de humo por lapsos el aire que respiramos.
Entonces, argumentan los que no fuman diciendo “¿Te parece
justo que yo fume de tu cigarrillo sin querer?” Yo solo puedo atinar hacer una
morisqueta de confusión porque los fumadores somos tan conscientes del daño que
hacemos y de lo molesto que es un cigarrillo ¡Qué nos alejamos! ¿Entonces que
reclaman? No fumamos entre ustedes, fumamos lejos de ustedes y con los
nuestros. ¿No les parece ya suficiente que nos tomemos la molestia de salir de los interiores para no intoxicarlos?
No solo es un problema sociológico, es cuestión de que cada
ciudadano tiene como derecho su libre desarrollo a la personalidad y sí señor
lector, fumar, fumar es un derecho fundamental ¡Porque hace parte de tus más íntimos
gustos!
Los fumadores son conscientes de que se están matando igual
que un bebedor, un adicto a la mariguana o un enamorado, cada cual se mata como
gusta ¿No creen?
Cada uno de nosotros decidió vivir una vida y con ella todas
sus vicisitudes, nosotros por el contrario, decidimos como matarnos y aceptamos
los términos y condiciones de fumar un cigarrillo.
Juancho
