Estos rieles me llevarían a tus brazos y haría que mis labios
endurecidos por el frío pero húmedos por la nieve se juntasen una vez más con
tus tibios y amplios labios. Estos rieles serán mi enlace con tu alma y serán
el fuego en nuestro intenso frío dejado por ese invierno ruso en nuestro amor.
Estos vagones que cada día transitan por tan pobladas calles
me dieron una leve esperanza de encontrar tus ojos, como un pequeño suspiro en
el aire desvaneciéndose. ¡Oh! pero estos rieles forjados de acero me recordaron
que tu lugar no está en esta tierra moribunda y corrupta sin tu purificadora
presencia, No, tú lugar está con Dios y con los ángeles que te acogen como a uno
de ellos, pues tu belleza era comparada con la de una Diosa griega ¡Blanca como
las perlas! y dócil como los borregos.
Nos vemos en la eternidad amor mío - Dijo con un salto al tren
tiñendo las estaciones de metro con el rojo sangre de su pasión.
Juancho

